Vale la pena ubicarse lo mejor que se pueda, lo aparentemente remoto en estos tiempos no está definido por la distancia. Hoy no hay lugar al que no se pueda llegar con alguna combinación de las variables de transporte: avión, micro, barco, taxi, bicicleta etc., etc. Y aunque no se tenga acceso por encontrase lejos de un centro urbano, o la pobreza haga imposible su acceso, difícil es encontrar alguna comunidad que por lo menos no sepa de la existencia de algunas de las formas actuales de comunicación: televisión, teléfono y hasta de internet. Ni desconozca alguno de sus productos más representativos como la coca cola, aunque no todos la tengan. Hoy lo remoto no se mide en kilómetros o en horas de viaje, podríamos definir remoto de varias maneras, o al menos eso se podría decir desde Yangon en Birmania.
La Unión de Myanmar, hace unos años llamada Birmania fue parte de Raj Británico en la India; ha atravesado en desde su independencia una historia de enfrentamientos étnicos y desencuentros políticos. Desde hace 30 años es gobernada por un conjunto de militares, y si bien hace un mes se celebraron elecciones, aun se mantienen restricciones a internet (no se puede acceder a los blogs, Hotmail o yahoo), a los celulares y a la televisión.
Aunque de práctica budista, Myanmar es un país multiétnico. Parte de las guerras que acosaron estas tierras se originaron por estas divisiones claramente visibles en sus vestimentas. Los Bamar (birmanos) mayoría (65%) gobiernan en la actualidad el país. Son grandes devotos budistas (de la corriente theravada). Sería lago mencionar cada etnia pero no son menos de 10, la división administrativa del país coincide con la presencia mayoritaria de cada una en las regiones geográficas.
Aquí no hay verano o invierno, las estaciones se dividen en seca o de lluvias, el calor agobia y el sol golpea fuerte. Eso explica un poco la indumentaria liviana, los “longyis” parecen ser muy cómodos y frescos. El zapato parece desterrado, el policía de calle, el oficial de inmigraciones usa nuestra clásica ojota, un poco por el calor y además como beneficio adicional es rápida para sacar en cualquier visita relámpago a la stupa mas cercana, algo muy frecuente aquí, y a la cual se ingresa descalzo aunque el sol transforme en brasas al piso.
La capital Yangon, antes Rangún, da la impresión de un lugar destartalado, como a medio hacer. Edificios venidos a menos que pareciera no haber sido reparados desde que se fueron los ingleses, un mar de cables telefónicos, se mezclan con bellas o ruinosas stupas (monumento religioso budista de forma cónica, macizo, que puede rematar en la punta con oro o piedras preciosas, suele decirse que las stupas o pagodas o payas, albergan reliquias budistas).
En la calle grupos de niños que salen del colegio con su uniforme verde impecable, adolescentes y adultos, con sus vaqueros o sus “longyis” (tela arrollada que hace de falda usada tanto por varones como por mujeres) y sonrientes monjes caminan esquivando las diminutas sillas (como las de jardín de infantes!) de los omnipresentes “salones de te” callejeros.
La presencia budista no se disimula, monasterios desparramados por la ciudad albergan parte de los 600.000 monjes que tiene este país sin contar los niños y novicios, que con sus atuendos borravino y naranja oscuro siembran las calles con sus cuencos a cuesta. No piden nada solo sonríen. Socialmente se espera que todo varon birmano adopte una residencia monástica dos veces en su vida, una como samanera (monje novicio) entre los 10 y 20 años y otra como hpongyi (monje ordenado) en algún momento pasado los 20 años. Casi Todos los hombres participan en la shinpyu, ceremonia de los novicios, se trata de una ceremonia importante ya que una familia adquiere grandes méritos cuando uno de sus hijos “toma la toga y el cuenco”. Todo lo que posee un monje debe ser ofrecido por la comunidad, en la ordenación al nuevo monje se le da tres togas: infererior, interior y exterior. Las de color rojo vivo se les ofrece a los menores de 15 y las mas oscuras a los ya ordenados. Se les permite tener: una cuchilla de afeitar, una taza, un filtro (para mantener los insectos fuera del agua)un paraguas y un cuenco para la limosna. Dejo para otro momento ampliar sobre la vida monástica, en especial cuando se trata de mujeres.
Si algo hasta ahora destaca de esta gente es la sonrisa y la amabilidad, aunque el inglés sea escaso no lo es el interés de comunicarse.
Empieza el camino, ya aparecen los gestos, las costumbres, las particularidades.